viernes, 8 de abril de 2011



Todos los cambios despiertan el miedo. Miedo a lo desconocido, el no saber qué sucederá un paso después. Sobretodo los que nos llegan por sorpresa arrasando lo que nos toman por delante, arrebatándonos el control. Pero peor que el miedo que producen los cambios es el estancamiento, vencerse. Están los cambios deseados, los que más ansias nos despierta su llegada y aún esos, encierran cierta melancolía por lo que dejamos atrás. En el fondo, la vida es un continuo cambio, negarse al cambio sería negarse a vivir. Quizás sean ellos los que nos hacen sentirnos vivos, sentir que evolucionamos y no permanecemos barados. Por eso decía que cambio me suena también a acción, movimiento. Y para poder cambiar es necesario que exista el movimiento. Poco a poco las piezas del puzzle empiezan a encajar, huele a limpio y, sale el sol. Sí honey, the change is good.

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