Sudan mis manos, mi pecho se levanta y cae con rapidez, la boca seca pide agua fresca, los ojos irritados y e
Quiero volver a hacer las maletas y abrir las puertas de mi mente de par en par, tras meses de cerrazón y escondites en la falsa quietud, en el espejismo de las vidas sin ritmo, que gastan su tiempo en luchar contra la entropía, la ley natural que lleva al cambio, al desorden, para dejar las cosas exactamente como estaban, sin disfrutar de la evolución normal de las personas, del medio, de nosotros mismos.
Quiero abrir los ojos al cambio, abrir los oídos a los otros, a los que últimamente he cerrado mi espacio para continuar en mi burbuja sin alteraciones, pero como es algo imposible tratar de mantener, de paralizar los acontecimientos, mejor dejarse mecer por el capricho del destino y aprovechar ya de paso, la gente interesante que aparezca a nuestro lado, los momentos de alegrías y regocijos, la rijosidad de la juventud acompañada de historias nuevas.
Inteligente la vida con sus cambios, sus rumbos, sus giros, sus lecciones, y qué grandes los esfuerzos que nos cuesta superar nuestros propios miedos e inseguridades.


