domingo, 10 de abril de 2011

Entre mis cosas encontré una caja, una caja de color madera con manchas amarillas por la humedad. 
A simple vista no recordé haberla guardado alguna vez, el contenido era incierto, hasta casi desconocido. Levanté la caja, la sacudí y escuché un ruido a sonajero, entonces la giré y cayeron de ella muchas fotografías, cartas, notas, una pluma, algunas hojas secas y un dado.
La caja es de esas cosas que si la ves por la calle la pateas, o le saltas encima, pero el contenido, esas cosas insignificantes, decían mucho de mi.
La cuestión no es la caja en sí, ni las cosas materiales o racionalmente inservibles que se encontraban en ella, sino todos los recuerdos que se guardan en fotografías, las risas que se esconden detrás de una pluma, la nostalgia en los renglones de cada una de las cartas, la inocencia de correr pisando hojas secas, o el delirio de un dado multicolor.
Decidí guardar de nuevo las cosas, limpiar las manchas de humedad y dejarla nuevamente en ese rincón. No quise tirar la caja, no quise tirar a la basura aquellos recuerdos, aquellas risas, aquella inocencia o aquél delirio que en algún momento me trajo felicidad, tristeza, o simplemente ganas de reír a carcajadas.
Por eso, a todos los que me preguntan qué es esa caja de color madera solo les resumo que son algunos momentos fotografiados en mi mente, algunas notas que dejé sobre mi voz.

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