Muchas personas se dejan llevar por las apariencias,pero se supone, o por lo menos lo supongo yo, que todos sabemos que las apariencias engañan.
Es mucho más fácil dejarse llevar por las apariencias y vivir en la mentira, que esforzarse para ver más allá de las cosas.
No todo es lo que parece ni todo lo que brilla es oro, eso es algo muy obvio. Mucho brillo puede haber y muy poco oro. Algunos se terminan creyendo las apariencias y así viven… "aparentemente" viven. Pero vivir de verdad es otra cosa, amar de verdad es otra cosa. Hay que saber mirar muy bien para ver de verdad a la gente, para ver su esencia, y no su apariencia.
A veces el que parece un santo es un demonio, y el que parece un demonio es un santo. A veces lo que brilla de verdad es una baratija y el oro, el oro de verdad, no brilla.
Si te terminas dejando llevar por lo externo, por lo que ves por fuera terminas muy desorientado, perdido.
Lo esencial es invisible a los ojos, pero igual se ve. Hay que abrir los ojos para ver que la verdad no siempre es la apariencia.
No es lo mismo que te quieran vender césped artificial por pasto; y al ver lluvia en un día soleado no te podes dejar engañar por el chorro de una manguera, eso sería patético.
miércoles, 5 de enero de 2011
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