domingo, 2 de enero de 2011

Me levanté a las nueve a.m un domingo. El muchacho que reparte los diarios reflejaba su presencia con un golpe en mi puerta. 
Mi día iba a ser normal, como cualquier otro domingo en el calendario. Las compras por la mañana ,pasar de paso a retirar esa  vieja campera que tenia hace meses en la tintorería y caminar por las mismas calles nuevamente, bastante rutinario, pero te acostumbras.
Pero.. ¿Qué pasa cuando en tu día normal ocurre algo que lo vuelve patético? que no solo lo arruina sino  que destroza lo que queda del día. Cuando "eso" te deja sin respiración y con un nudo en la garganta.
¿Dónde queda la normalidad de mi día? Quizás la normalidad queda en ese escalón que pisé antes de entrar a mi casa, o en los 15 pesos que le pagué a la chica de la tintorería. ¿Y cómo me trago la amargura? ¿Como me saco el nudo de la garganta?
Y entre tantos enigmas, preguntas y pocas respuestas pensé: quizás el odio disminuya el dolor*, y así fué, como comencé a odiarte.


dolor*: sensación molesta , aflictiva y por lo general d e s a g r a d a b l e .

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