Dicen que de los errores se aprende. Pero cuando un error lastima a otro y deja una marca, ¿de qué sirve la lección?
Cuando el error que cometiste no tiene solución, cuando cometes un error que pone en peligro a los demás, cuando puede ser mortal, cuando un error estúpido te marca para toda la vida, cuando no tiene perdón, cuando ya es demasiado tarde y por mas de que hagas lo que hagas no podes reparar ése error; o cuando lo cometen con vos, cuando te rompen el corazón, cuando te engañan, cuando te mienten, te usan, te lastiman, te traicionan y desilucionan.
Un corazón roto es como esa botella de vidrio que cae de lleno al piso, partida en pedazos, ya no se puede reparar.
Y llorás, te sentís superado porque nada te sale bien, porque salís de la espada y encontrás la pared, porque no se puede enmendar, porque no se puede volver atrás.
Y el tiempo se te burla en la cara y parece pasar cada vez más lento. Te equivocás y lastimás, se equivocan y te lastiman.
Nos damos la cabeza contra la pared, la idea es aprender una lección que nos haga fuertes, y que corazón quede como una cicatriz latente que te haga recordar lo que no tenés que volver a hacer.
Podemos sentir hasta que vamos a morir en un momento de desesperación por algún momento desagradable que se nos presenta en nuestras vidas, que se te rompen las piernas, que se te va la respiración, que te duele.
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